Esta noche, a las 3 más o menos de la madrugada, habrá pasado un año desde que te dijimos adios.
Todavía, a pesar de mis esfuerzos, te recuerdo tumbada en la camilla, como dormida, blanquita y suave. Me gustaría poder imaginarte siempre riendo, hablando, disfrutando de la vida. Bueno, las fotos ayudan, me bloquean la imaginación y te veo como quiero, sonriendo, feliz.
Tenías que haber estado allí, compramos un montón de flores y las tiramos al mar, fue muy bonito, todos los pétalos se fueron como un banco de peces, juntos, flotando en el agua. Siempre estarás ahi, en el lado por el que sale el sol, con tu luz y tu fuerza dándonos ánimos y consejos para ser mejores cada día, felices aunque solos.
Te quiero,
Tu hija que nunca olvida.
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